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Conferencia Pública: “La diversidad como valor. Conceptualizaciones actuales acerca de la discapacidad y su efecto en las personas”.

(24/Abril/2014)
Dictada por la Prof. Mter. Stella Caniza de Páez (Argentina).
Lugar: Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (Ecuador).

Apuntes:

- Objetivo: Que la educación se proponga atender a la singularidad. Que se brinde la oportunidad a las personas con discapacidad a seguir aprendiendo. Para que, de este modo, logren ser ciudadanos activos, independientemente del origen de sus dificultades.
- El sentido de la educación inclusiva es que vayan a aprender, para que puedan ser independientes, trabajar, formar una familia, sean parte de la vida comunitaria, política, etc.
- La visión de una educación inclusiva que pone a los sujetos con discapacidad en “un rinconcito” es una “estafa”.
- Es importante conocer el tratado de la convención de Derechos Humanos con Discapacidad (2008). Los derechos básicos fueron permitidos para todos, ya no es voluntario, ni depende de la discapacidad del sujeto.
- Se debe valorar la heterogeneidad, lo “diferente” es un valor que hay que conocer y respetar. En el plano de la equidad se respeta la dignidad, es decir, sólo en la dignidad todos somos iguales.
- Se pasó de los paradigmas de las patologías a la ciudadanía. Con las patologías creíamos que sabíamos TODO de esa persona. Se supone que se sabe todo del otro. En la discapacidad intelectual, p. ej. en el síndrome de down, se dice que “es down” y eso basta, como si su futuro ya estuviera predeterminado, todo está dicho, no hay esperanza de una adultez diferente.
- ¿Qué es la adultez? Es ser autónomo, y eso en la educación para los discapacitados estaba (está) vedado. Es por eso la importancia de los cambios de paradigma. Javier Tamarit, indica que la adultez es saber vivir, ser responsable de la propia vida, tener autonomía de los pensamientos, deseos, es su constitución subjetiva. La función materna lo puede sostener, los dos primeros años de vida, para ser un sujeto autónomo.
- En esta etapa es muy importante el juego. Los niños juegan a ser grandes. Ponen en proyección su propia vida, la sueñan, la anhelan, es anecdótico, ya que puede que se cumpla o no (quiere ser astronauta, bombero, profesor, basurero, el hombre araña, etc.).
- En los sujetos no hay un modelo psíquico y cognitivo, todos somos únicos, con características propias, no depende de lo biológico o de qué género el “problema” sino de la historia que le tocó vivir.
- No es fácil cambiar los paradigmas, pero tenemos una obligación ética desde nuestra profesión, de avanzar a nuevos paradigmas. Eliminar el peso de los prejuicios en la vida de las demás personas.
- Hay que tener en cuenta el entorno, la historia (lo que le tocó vivir) y lo que la sociedad le ofrece o le pone barreras. Hay que analizar lo que ese entorno, comunidad, sociedad ofrece o dificulta.
- No “es un discapacitado”, es una PERSONA que tiene una discapacidad. Antes no eran vistos como una singularidad, un otro, sino como un Supuesto Saber, nosotros los “sanos” creemos que es lo mejor, ya que lo que sirve para uno sirve para el otro.
- Los diagnósticos no son más que profecías, predeterminan prejuiciosamente que es capaz de hacer o no una persona. Es un camino unidireccional de lo que se va a poder hacer. Cambiar esos modelos cuesta mucho. Los diagnósticos son como oráculos, se recurren a ellos y arrojan profesías, y las profesías tienden a cumplirse. Por ejemplo, una madre con un niño con una discapacidad lo mantenía sin zapatos, al preguntarle por qué lo tenía así respondió “pero si el doctor dijo que hasta los cuatro años no iba a caminar, para qué le voy a comprar zapatos”.
- Hay que tener precaución con los tests (proyectivos, psicométricos) porque no nos hacen conocer realmente al otro.
- Se acoge a los niños con discapacidades “porque la ley lo obliga”, y las profesoras en ocasiones dicen “yo ya tuve un (…) hace 5 años, así que ya sé lo que tengo que hacer”. Zardel Jacobo dice “la discapacidad se instala con el pésame del médico”, y no sólo del médico, sino del psicólogo, psiquiatra, psicopedagogo, etc. Se lo dan como si hubiera muerto el hijo “soñado”.
- No es frecuente que se le pregunte a una persona con discapacidad qué quiere ser en su vida. Hay que preguntarle cómo quiere vivir y hay que dejarlo vivir. Hay mucha sobreprotección y miedos a que corran riesgos, pero, todos corremos riesgos por el simple hecho de estar vivos. Nosotros elegimos estar en riesgo. En la discapacidad se quiere proteger de los riesgos, y “proteger” desde su etimología significa sepultar a un adulto. Este sujeto debe ser un ciudadano, a pesar de su discapacidad puede tener una vida con apoyo y ser parte de una educación inclusiva. El que quiere vivir en una “jaula de oro”, institución, que lo haga, pero que tenga derecho a vivir, que ese derecho no se vuelva en una obligación que viene de los demás. En nuestras manos está criar a una persona autónoma o dependiente.
- Nos debemos cuestionar si estamos preparados para preguntarle a los otros qué quieren hacer se su vida y, de ese modo, cambiar los paradigmas. Así lo que elija le favorezca o no, hay que dar las oportunidades de tomar elecciones, desde una postura “con pasión” y no de tenerles “compasión”, para que sea el gestor de su propia vida y de su destino.
- En la convención de DDHH de las personas con discapacidades se convocó a varios de esos grupos para que en nombre de la comunidad pongan en blanco sobre negro qué les había pasado a lo largo de sus vidas.
- En Argentina existe la figura del “agente de apoyo”, la cual está en formación ya que deben cumplir con ciertos requisitos. Son personas ajenas al núcleo familiar que actúan como soporte para las personas con discapacidad. Anteriormente existía la figura legal del “curador” que convertía al sujeto con discapacidad en un “muerto civil”, que decidía lo que se permitía y lo que no por el miedo a que sean estafados, esa figura actualmente ya no existe porque los curadores y los familiares se quedaban con los bienes de dichas personas. Ahora la figura es otra, el “salvaguarda” con apoyo, que funciona de manera inversa al curador y sólo se maneja con la autorización de la persona con discapacidad, garantiza que lo que se hace beneficia a la persona. El primero que firma es la persona, el salvaguarda únicamente firma como un garante.
- La convención de los DDHH con discapacidad es considerada como el punto de llegada y el punto de partida para nuevos paradigmas en la sociedad.

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Marcela Ulloa.

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